Por Sofía M. (34), Bogotá
Paquete: Perla del Sur (9D/8N) · Operador: Tourist by No Tourist · Grupo: 6 viajeros
Aterrizamos de noche y ya estaba Luis, nuestro coordinador, con un cartel discreto. Camino al hotel, me habló de la Zona Colonial como si fuera su barrio: “Mañana verás cómo el sol pinta las piedras”. Tenía razón. Al amanecer, las losas del Parque Colón se pusieron doradas y el café (fuerte, aromático) me devolvió el alma al cuerpo.
Hicimos un walking tour suave: Calle El Conde, Fortaleza Ozama, murales escondidos. Al mediodía, probé mi primera Bandera dominicana (arroz, habichuelas, carne guisada). “Esto sabe a hogar”, anoté.
“Viajar con un guía que sabe dónde respirar y dónde acelerar te da paz.”
Nos llevaron a un cafetour urbano. Entre tostadoras y métodos, entendí que el café local es orgullo. Por la tarde paseamos por el Malecón; atardecer con brisa salada y un merengue que salió de una puerta como si nos hubieran estado esperando.
Salimos temprano hacia Montaña Redonda. El ascenso huele a pasto mojado. Arriba, el 360° corta la respiración: mar, lagunas, palmeras infinitas. Columpio “al vacío” y risas nerviosas. Bajamos a tiempo para playa en Bávaro. Noche libre. Dormí 9 horas.
Carretera hasta Bayahibe; check-in rápido. Piscina Natural primero: agua tibia, cintura adentro, estrellas de mar a distancia. “Mirar sí, tocar no”, repite Rafa, nuestro guía. En Saona, el mar era un espejo verdeazul. Almuerzo sencillo, rico. Decidimos quedarnos cerca de la orilla, sin prisa. En el catamarán de regreso, alguien empezó una bachata tímida; acabamos bailando todos.
Aprendizaje del día: bloqueador reef-safe y botella reutilizable siempre.
El sur es distinto: menos postales turísticas, más autenticidad. Caminamos el río Los Patos, de agua fría y transparente. En el mirador, el mar parece más intenso, como si guardara secretos. Gina, la guía local, nos habló de su infancia en la zona; ese tipo de historias que el mapa no cuenta.
Lancha ligera entre isletas. Fragancias de sal y manglar. Vimos flamencos a lo lejos y aprendí a mirar sin invadir. El almuerzo llegó en hojas de plátano: pescado con coco y tostones. El equipo de TBTN se ocupó de los tiempos, el clima y la logística; nosotros solo existíamos.
Ese día me levanté antes del sol. El Jeep nos dejó cerca y caminamos un tramo costero. De pronto, Bahía de las Águilas: un vasto rectángulo de agua límpida, sin parlantes, sin vendedores, sin prisa. Es un lugar para estar en voz baja. Floté mirando nubes. No quise fotos perfectas; quería recordarlo con el cuerpo.
“Hay viajes donde no pasa nada… y pasa todo: mar, silencio, respiración.”
De vuelta hacia Santo Domingo, paramos en un comedor de carretera. Pedí moro de guandules y chicharrón de pollo con limón. Llevaba una libreta llena de nombres: Jaragua, Oviedo, Águilas. Prometí volver con mis padres.
Últimas compras en la Zona Colonial: cacao, café, artesanías. En el transfer al aeropuerto, Luis revisó vuelos y nos dejó un número de 24/7 “por si acaso”. No fue necesario, pero reconforta.
Valores referenciales; dependen de temporada y servicio elegido.
¿Quieres vivir algo así? Escríbeles; piden tus gustos y lo ajustan: playa, cultura, aventura o todo mezclado.
CL 32 80 965 PAR HEREDIA, Cartagena, Bolívar, Colombia
©2025, Tourist by No Tourist Travel S.A.S. • RNT 261608 • NIT 901.983.166-1 • Creada con amor por Enithgma SAS ❤️• Todos los derechos reservados.